La bestia de Táchira
Cuento · basado en hechos reales · Semillero The UnReal Class
Un hombre que recorre la misma acera mil veces, de un lado a otro, de principio a fin, todos los días y aunque sabe cuál es el camino a través de ella en su eterna soledad camina sin rumbo fijo, con los pies desnudos y cansados de recorrer tantas veces la misma triste y solitaria acera.
Una niña y su madre caminaban por la calle en dirección contraria.
- Mami, ¿Por qué ese hombre se ve así? – Dijo la niña.
- Es un indigente y vive en la calle, ya deja de mirarlo – Respondió la mamá.
El hombre que casi arrastrando los pasos caminaba por la acera con el pantalón rasgado, con una camisa que al parecer años atrás era blanca, una barba tan larga y desalineada que se conecta al bigote, la barba color negro oscuro con restos de comida en ella, su cabello churco y enmarañado color castaño oscuro, al parecer ese abundante cabello escondía a un hombre de cuarenta años o más.
Dicen que los ojos son las puertas del alma, pues sus ojos se veían apagados, su mirada era triste y cansada, tanto que en algunos causaba tristeza y compasión por él, pero en otros nada más que rabia, asco y repulsión.
Cuando la madre y la niña pasaron junto a él, la mamá de la pequeña sintió una tenue y sombría mirada, así que rápidamente giro la cabeza y se dio cuenta que ese hombre de aspecto horrible e indeseable, cuyo nombre era Doráncel Vargas, más conocido como Dorángel, se le había quedado mirando. Cuando los ojos de la mujer y de este se encontraron, ella noto un terrible escalofrío justo detrás del cuello, en la nuca. Poco a poco esta se iba empalideciendo más y más, pero no era porque él la estuviera mirando, sino como la miraba. Sus ojos más abiertos que nunca, dilatados, con un terrible brillo y una leve pero gótica sonrisa en el rostro, como una persona completamente diferente.
La mujer tomó a su hija del brazo y nuevamente giro su cabeza, simulando que no lo había visto y apretó el paso como si se tratara de un asesino serial. Cuando Dorángel las vio alejarse, se dio media vuelta y siguió caminando con la cabeza agachada, como si eso nunca hubiera sucedido.
Él siguió caminado en línea recta, hasta que llegó a una calle que en la mitad tenía una corta vereda, al otro lado de la vereda había una calle mal pavimentada con niños jugando en ella y al otro lado de la calle una bodega.
Dorángel cruzó la vereda y se dirigió hacía un hombre, Ricardo, que estaba a orillas de la calle lavando su auto. Cuando el hombre lo vio acercarse dijo:
- Epale, Dorángel, vienes por lo del tabaco.
- Dame pa’l tabaco – Respondió.
- Agarra ahí pue’ – Entregándole dinero.
- Gracias.
- Dale, cuídate.
- Otra cosa, hoy a que estamos.
- Hoy es 10 de febrero.
Con esto fue hasta la bodega que estaba en medio de la calle y compró dos tabacos, encendió uno y guardo el otro, luego se dirigió a cruzar de nuevo la vereda para retomar su camino hacía el Parque Faro de la Marina. Cuando llegó ya era medio día, se sentó en una banca y terminó de fumarse el tabaco. Empezó a buscar entre los botes de basura algo para comer o que le sirviera. Ya eran alrededor de las tres de la tarde, cuando una mujer muy amable le regaló dos panes y siguió con su camino, él se sentó, se comió uno de los panes y el otro lo guardó al mismo tiempo que sacaba su otro tabaco. Terminó de fumar y siguió buscando.
Cayeron las once de la noche cuando por fin dejó de buscar, con un par de cosas en los bolsillos se dirigió a la salida, a esas horas el parque ya había cambiado mucho el ambiente, no había nada más que drogadictos, borrachos y ladrones. Luego de salir del parque fue a su cambuche bajo el puente de Táriba, pero esa noche había algo raro, nada importante para Dorángel, se escuchaban sirenas a lo lejos.
Cuando él entró al cambuche compartió el otro pan que llevaba en el bolsillo con Lucas, su camarada, sus rostros eran muy parecidos, si no los conocías podrías creer que eran hermanos, solo que su mirada era más llena de energía.
Cuando Lucas termino de comerse el pan, salió a ver que más conseguía de comer entre la basura de los restaurantes, mientras Dorángel dormía.
En la mañana del 11 de febrero de 1999, Dorángel despertó y con el estómago hambriento salió a hacer el mismo recorrido de siempre, fue por el tabaco y luego al parque, cuando llegó al cambuche debajo del puente a las once y media de la noche volvió a ver a Lucas y de nuevo compartieron lo poco que habían encontrado para comer. Aquella noche hacía más frío de lo normal, así que prendieron una pequeña fogata.
El 12 de febrero Dorángel estaba durmiendo, cuando de repente, escuchó sirenas de la policía acercándose a una rápida velocidad junto con voces agitadas, al escuchar todo ese alboroto empezó a despertarse, cuando una voz por megáfono dijo:
- !Dorángel Vargas, queda detenido por la Policía del Estado Táchira, tenemos el lugar rodeado, no intente nada y salga lentamente con las manos en alto!
- !Segundo llamado, después del tercero entramos y estamos autorizados para abrir fuego!
Cuando salió, como bien lo dijo la voz del megáfono el cambuche estaba rodeado por Jeeps de la PTJ, una oficial de la policía se le acerco por atrás y lo esposo.
- Queda arrestado por el asesinato y posible canibalismo de 16 personas, tiene derecho a guardar silencio, todo lo que diga podrá y será usado en su contra – Dijo la oficial que lo arresto.
- ¡Registren el lugar! - Gritó el jefe de policía.
La policía lo estaba sacando escoltado del puente de Táriba y empezaron a llegar los reporteros y la ola de personas, ya no se podía caminar sin ser arrastrado por los demás debido a que las personas gritaban y caminaban sin rumbo alguno. Los policías formaban un circulo y el espacio en medio, donde estaba Dorángel, era tan estrecho que hasta el menos claustrofóbico podría desesperarse con tan poco espacio para respirar, los policías chocando contra su cuerpo y por si fuera poco el calor de esa mañana era exasperante, el sol ardía más que cualquier otro día, todo se veía en tonos amarillentos y pálidos, las personas gritando asesino, psicópata, era horroroso.
Entre el alboroto una periodista se le acerco a Dorángel por atrás y le pregunto:
- ¿Es cierto que usted se comía a las personas?
- Si, pero solamente hombres – Dijo Dorángel como si le preguntaran a una persona cualquiera por el desayuno de todos los días.
- ¿Por qué, a qué se refiere con eso?
- Es que las mujeres saben feo, amargo, eso no me gusta.
- ¿Eso quiere decir que usted si se comía a las personas?
- Sí, yo soy el comegente.
✭ ✭ ✭
Una mujer estaba en el cumpleaños 14 de su sobrino, ya estaban cortando la torta cuando le entró una llamada al celular.
- Hola Bárbara.
- Aló, Ostos, ¿Por qué llamai’ a esta hora?
- Perdón Bárbara, sé que estás en el cumpleaños de tu sobrino, pero es importante, del trabajo.
- ¡Uy! Ostos, yo creo que eso va a tener que esperar, es que estoy ocupada, mejor hablamos mañana.
- Bárbara es muy importante.
- ¿Seguro que es muy importante?
- Sí.
- Mmm está bien, no prometo atenderlo por completo, pero, de que trata.
El Doctor Ostos al escuchar la respuesta de Bárbara suspiro de alivio – Ayer arrestaron a un hombre, habitante de calle, un supuesto caníbal.
- Sí, he escuchado las noticias, que pasa con él.
- Bueno, el tipo está detenido y quieren que tú lo atiendas.
- ¿En serio?
- Sí, hace 20 minutos me llamaron, quieren saber si lo puedes atender lo más pronto posible.
- De poder puedo y también quiero, ese caso suena muy interesante, pero hoy no puede ser, está muy tarde, sería mañana.
- Jmm, mañana, no, ellos estaban buscando alguien muy urgente, creo que no vamos a poder tomar ese paciente.
- Ay Ostos me llamas a esta hora, me ofreces un gran trabajo y ahora que ya me emocionaste me dices que no.
- Voy a ver, igual no creo que rechacen a la gran Bárbara una de las mejores psicólogas, por algo nos llamaron a nosotros.
- Bueno mantenme al tanto por mensaje.
Con eso colgó la llamada. Cuando terminó el cumpleaños, Bárbara se dirigió a su casa en Barrio Nuevo, minutos después de haber llegado a su hogar recibió una llamada de Ostos para informarle que en la mañana a eso de las 8:00am estaba programada la cita con Dorángel.
El 14 de febrero Bárbara llegó muy temprano a la policía, el ambiente en esa estación de policía era algo parecido a ese día en el puente de Táriba. Los policías corrían de lado a lado, sonaban los teléfonos aquí y allá, la estación estaba llena de reporteros y por fuera de la estación de policías, en la entrada, había aún más reporteros, parecía que fueran a derribar la puerta.
Bárbara llegó como pudo a la oficina del jefe de policía, este mismo le dio una carpeta con todos los datos que habían averiguado de Dorángel hasta ahora, luego la llevó a la sala de interrogatorios donde vería a Dorángel. Él la dejó sola un par de minutos en esta habitación y en la cabeza de Bárbara no dejaban de retumbar las mismas preguntas: ¿Por qué lo hizo? ¿Lo hizo él? ¿Qué deficiencia mental lo llevó a hacer eso? ¿Por qué admitió ser un caníbal frente a una cámara? La cabeza le corría a 1000km/h, estaba completamente perdida en sus pensamientos, cuando un portazo la saco de ese extraño transe en el que estaba sumida.
Jefe de la PTJ: - Dra. Bárbara, le presento a Dorángel Vargas el “comegente” – Lo dijo haciendo comillas con sus propios dedos.
Mientras él decía esto, uno de los oficiales estaba esposando a Dorángel a la mesa metálica.
Jefe de la PTJ: - Si necesita algo pídalo, habrá dos chicos detrás de la puerta vigilando.
- Gracias – Respondió Bárbara.
- Bueno entonces la dejamos.
Dicho eso, cuando el oficial palacio, jefe de la PTJ, dejo la habitación junto con los otros dos policías, Bárbara abrió su bolso muy tranquilamente y saco una agenda junto con un lápiz y dijo:
- Me llamo Bárbara Duarte y voy a ser tu psicóloga.
- ¿Qué es una psicóloga? – Lo preguntó como si fuera un niño de 6 años que esta empezando a conocer el mundo.
- Un psicólogo o una psicóloga son personas que ayudan a los demás a hacer las cosas bien y para poder ayudar a los demás necesitamos que las personas digan solo la verdad – Ella le respondió con un tono como si le estuviera enseñando a un niño – Ahora te hare dos preguntas.
- Está bien
- ¿Tú nombre completo es; José Doráncel Vargas Gómez?
- Soy yo.
- Naciste el 14 de mayo de 1957 en Mérida.
- No recuerdo.
- No importa.
Ella siguió haciendo preguntas toda la sesión para romper el hielo con él, sin embargo, Dorángel estuvo evadiendo las preguntas que ella le hacía respondiendo cosas sin sentido para que Bárbara no pudiera ejercer su papel como psicóloga, lo cual para ella era muy común ya que algunas personas intentan cerrarse con ella por miedo, sobretodo en este caso.
La actitud de Dorángel era un poco exasperante porque él no era coherente, era como tratar con un niño, pero, aun así, ella seguía aparentando estar lo más relajada del mundo, porque si eso era una estrategia de Dorángel, ella no podía demostrarle que estaba funcionando, además que no era la primera vez que le sucedía eso a Bárbara con un paciente.
Al mediodía entró un oficial y se llevó a Dorángel así de la nada, sin siquiera saludar, a Bárbara le dio un poco de indignación que ese hombre hubiera entrado así a media conversación entre Bárbara y Dorángel, o bueno, intento de conversación por parte de Bárbara Luego el jefe de policía entró e invito a Bárbara para almorzar. En el restaurante estuvieron hablando de cómo había sido la primera sesión con Dorángel y acordaron que Bárbara vería a Dorángel todos los días. A Bárbara le gustaban los retos, por lo que ella estaba fascinada con ese caso.
✭ ✭ ✭
Ya habían pasado unas semanas en las que Bárbara había estado visitándolo y atendiéndole, pero perecía que ninguno de los trucos que ella estaba usando funcionaban, él seguía teniendo la misma actitud, seguía diciendo disparates, por lo que ella había llegado a la conclusión que no era ninguna estrategia de él, sino que él en realidad pensaba así, lo cual llevó a Bárbara a hacerse otra pregunta, ¿Un hombre con los pensamientos de un niño, como fue capaz de matar tantas personas sin ayuda? ya con todo ese tiempo ella se había dado cuenta que él le empezaba a tener confianza y eso era muy bueno.
Ellos estaban hablando de cómo era vivir bajo ese puente, escuchar el río corriendo toda la noche, salir a la calle muriendo de hambre, con un crujido en el estómago que no te deja ni pensar claramente, que todos los que pasan cerca tuyo te vean como un perro sarnoso y se alejen de ti para que no se contagien de la sarna, todo el mundo viéndote con rabia y lastima, murmurando detrás de ti el asqueroso aspecto que tienes, hablando sobre el hediendo, asqueroso y repulsivo olor que desprendes al caminar, un olor a basura y animal muerto, haciéndote sentir cada vez más como ese olor que desprendes, haciéndote sentir un ser que va muriendo poco a poco y que no merece vivir.
Aunque Dorángel no se lo dijo así a la Dra. Bárbara, cada vez que él hablaba, daba a entender eso.
- Yo le di las gracias a la muchacha que me monto en la patrulla y me trajo aquí – Lo dijo de una manera tan natural.
- Si, entiendo. Por cierto, no hemos hablado de tu infancia, como se llama tu madre – Ella desde hace tiempo estaba que se lo preguntaba porque por lo general la principal rama de problemas psicológicos vienen de la infancia, pero no se lo había preguntado porque sentía que él aún no confiaba en ella y como ya habían interactuado mucho más que en la primera sesión soltó la pregunta.
- No recuerdo su nombre.
- Y que recuerdas de ella.
- No mucho.
- ¿Podrías contarme un poco sobre ella?
- Cuando yo tenía unos diez o cinco años yo iba a la escuela, conmigo nadie se metía ni nada, pero entonces uno de los niños con quien yo estudiaba que era uno de los que más me molestaba empezó, así que un compañero que yo tenía, Lucas lo tiró por las escaleras para defenderme, luego no recuerdo que sucedió, entonces me echaron la culpa a mí. - Bárbara quedo confundida debido a que algunas partes de su relato no tenían coherencia.
- Espera, porque te culparon a ti si el que lastimó al otro niño fue Lucas…
Después de un largo silencio incomodo, Bárbara continuo con la conversación para no desviar el tema, ya que se dio cuenta que Dorángel estaba confundido.
- ¿Qué paso después?
- Entonces le dijeron a mi mamá…
- ¿Y qué más?
- No recuerdo.
- ¿Cómo no recuerdas?
- No sé.
- Está bien a veces a uno se le olvidan las cosas – Ella sabía que faltaba un muy buen pedazo de la historia además importante, pero ella le debía seguir la corriente – Y… ¿me podrías decir quien es Lucas?
- Lucas es mi mejor amigo y compañero, nos conocemos desde la escuela, él está allá en la celda esperándome.
- Lucas ¿está esperándote?
- Sí, ¿quiere que él venga?
- Amm si, sería bueno.
Luego, la Dra. Bárbara se levantó, salió un momento a hablar con el oficial palacios y le dijo todo lo que había hablado con Dorángel, aparte le pidió hablar con Lucas.
✭ ✭ ✭
- Hola, mi nombre es Bárbara Duarte y yo soy la psicóloga de Dorángel, tengo entendido que tú vivías con él bajo el puente de Táriba.
- Sí, nosotros vivíamos allá.
- ¿Sabes que es una psicóloga?
- Sí.
- ¿Desde cuándo conoces a Dorángel?
- Desde la escuela, estudiamos juntos y desde entonces siempre hemos estado haciéndonos compañía.
- ¿Cómo se conocieron?
- Lo que yo le diga que queda entre nosotros ¿verdad?
- Claro, por eso no te preocupes.
- Dorángel y yo estábamos en la escuela entonces un niño lo empezó a golpear y ahí fue cuando yo lo vi, el niño lo golpeaba y lo golpeaba sin parar, como si no le importara matar a Dorángel, le golpeó la cabeza, ya Dorángel no se podía ni levantar, entonces un impulso repentino me llevó a empujarlo por las escaleras, él iba cayendo por las escaleras y esos segundos se alargaban cada vez más y más, cuando llegó al último escalón cayó sobre el brazo derecho y soltó un grito, un grito de dolor, al levantarse le había fracturado el brazo. Nos echaron la culpa a mí y a Dorángel, para después expulsarnos de la escuela, a la mamá de Dorángel le toco pagar la fractura del brazo de aquel niño y con tan poco dinero que tenía ella estaba furiosa. Ese día la mamá de él lo estaba golpeando con una rama de ortiga, luego cuando Dorángel ya estaba sangrando y llenó de ronchas por la ortiga, su mamá tomó un cable de luz y comenzó a azotarlo con aún más fuerza que antes, parecía que quisiera matarlo. Yo lo estaba viendo todo y como con el niño de antes, sentí un impulso asesino, así que tomé una tabla con la cual su madre solía golpearlo y se la puse en una pierna, luego cuando cayó al suelo, le acerté un segundo golpe, esta vez a la cabeza. Cuando levanté la tabla vi que esta, estaba manchada de sangre, luego devolví la mirada a la madre de Dorángel y estaba ahí tirada en el suelo, con un charco de sangre alrededor y en ese momento me llené de un miedo profundo que nunca había sentido, solo podía pensar en que ella estaba muerta, pero me consoló que lo había hecho para ayudar a Dorángel, así que le dije a Dorángel; Huyamos.
Cuando la Dra. Bárbara escuchó, por dentro sentía miedo, pero por fuera aparentaba estar completamente tranquila. Luego preguntó por su infancia y al contrario de Dorángel la infancia de Lucas había sido muy buena, sus padres eran unos ángeles con él, comía las tres veces al día y vivía en una casa decente.
Entonces luego de escuchar todo eso y la buena vida que llevaba con su familia, a Bárbara la hizo cuestionarse una cosa, ¿por qué él con tan solo doce años había cambiado toda esa buena vida por convertirse en un asesino y compañero de vida con Dorángel?
Él dice que él siguió ya que las personas alrededor no le decían nada, al contrario, algunos le decían que siguiera, le decían como golpear.
Conforme él le contaba todas esas historias, ella iba haciéndose ideas y a la vez se llenaba como de una especie de miedo y a la vez fascinación por lo interesante que era todo lo que le decía.
Terminó la sesión y ella como era debido le contó todo al oficial Palacios, y le pidió poder extender un poco más las sesiones con Lucas y Dorángel, porque por todo lo que había escuchado se había dado cuenta que este caso se volvía cada vez más interesante y complejo, por lo que necesitaría más tiempo para cada sesión.
En otras sesiones que había tenido con Dorángel él seguía siendo muy extraño respondiendo cosas al azar sin embargo en ocasiones era muy revelador y concreto. Pero Lucas era una verdadera particularidad.
Ella estaba hablando con Dorángel, estaban hablando sobre Lucas, entonces Dorángel le dijo:
- Doctora, a mí no me gusta que me digan el comegente, las personas me dicen el comegente y eso me hace sentir mal - Él lo dijo con una voz de lamento, como si se le hubiera olvidado que él mismo fue quién se puso ese apodo.
- Pero tú mismo dijiste que eras el comegente frente a las cámaras.
- No yo nunca dije eso. Él que dijo eso fue Lucas, porque Lucas es el verdadero comegente, desde esa noche de luna llena él se volvió el comegente.
- ¿A qué te refieres que él es el comegente? Y ¿Qué es eso de luna llena?
- ¿Lucas no le ha dicho? Es que él me dijo que él le estaba contando todo a usted porque después le iba a hacer lo mismo que les ha hecho a todas esas personas.
- ¿Qué quieres decir, no te entiendo, explícame?
- Sí Lucas un día, una noche de luna llena él salió a hacer el mismo recorrido de siempre, pero cuando regresó estaba herido, lo había mordido un lobo y desde ese día él, llevaba personas a la casa.
- Pero en Táchira no hay lobos.
- Pues eso me dijo él, además no recuerdo si fue una persona o un lobo el que lo mordió, pero él en las noches de luna llena se enloquece. Él me dijo que pensaba hacerle eso que les hacía a las demás personas.
- Dices que él ¿quiere matarme?
- Debería preguntarle a él.
A Bárbara ya le había empezado a dar un poco de miedo, pero igual ya había logrado muchos avances con ellos dos así que la mejor idea para ella en ese momento era confrontarlo.
- Hola Lucas.
- Hola.
- Estos días ha hecho un poco de calor no te parece.
- Sí, bastante.
- Y ya quedan sabes cuantos días faltan para la próxima luna llena. Dorángel me dijo que te pasaban cosas extrañas en la luna llena, ¿Por qué? ¿Qué tienen de especiales las lunas llenas?
- Supongo que Dorángel si le conto eso también le conto lo que suelo hacer en las lunas llenas.
- Es correcto.
- Bueno pues le contaré, trataré de ser breve. Yo iba caminando, recogiendo cosas de la calle, esa noche era luna llena y entonces escuché el aullido de un lobo, no le presté atención, pero yo iba caminando y sentía que algo o alguien me seguía, entonces volteé y no había nada, seguí caminando y escuche que un animal estaba detrás de mí, pero cuando volteé lo único que vi fue una sombra de animal abalanzarse sobre mí y arrastrarme, clavándome sus desgarrantes colmillos, como pude me zafe de su feroz mordida y salí corriendo, el animal me perseguía aunque no lo veía podía escucharlo y llegó un momento en el que se fue, yo empecé a sangrar de a montón así que me dirigí hacía mi cambuche y mágicamente al otro día ya no tenía nada.
- Y ¿A qué vas con esto?
- Que soy un hombre lobo.
- En serio.
- Tal vez usted no me crea, nadie cree, pero en la luna llena la matare, la descuartizare para luego alimentarme y sabe, no tengo miedo de decírselo porque en la luna llena no hay nada que pueda detenerme.
Al escuchar eso la Dra. Bárbara se quedó sin palabras y se levantó para irle a decir todo al jefe de le PTJ.
- Ese si está, pero loco e’ bola – Dijo el oficial Palacios mientras se burlaba de Lucas – Y ¿qué tiene planeado hacer?, porque después de semejante amenaza yo le recomendaría que suspenda las sesiones.
- No, para nada, al contrario, a este punto ya comienzo a entender el caso de Dorángel y Lucas, aunque no estoy segura, por lo que yo recomendaría seguir con las sesiones, pero está vez ya que él cree que en luna llena se transformará y bla bla bla, seguirle la corriente con este tema del hombre lobo y darle a entender que no puede escapar y que él no tiene el control de esta situación, porque cuando entienda eso se amansará un poco.
- Y ¿cómo pretende usted hacer eso?
- Como ya le dije, siguiéndole la cuerda, está vez le pondremos esposas de “plata”
- Ja. Y de donde pretende sacar esposas de plata.
- No es necesario que sean de plata, pueden ser normales, solo hay que meterle la idea de que son de plata y no podrá liberarse.
Con eso tanto Bárbara como el oficial Palacios regresaron a la sala sonde estaba Lucas le cambiaron las esposas.
- Y esto qué es – Preguntó Lucas con tono burlón.
- Estás son especiales para ti, mi querido amigo Lucas – Dijo El oficial Palacios.
- Son esposas de plata, así me aseguro de que no me lastimes, tengo entendido que la plata es lo único que les hace daño a los hombres lobos y además los debilita.
- Sí, tiene razón la plata nos debilita, pero, creo que está mintiendo en cuanto a que las esposas son de plata.
- Si quieres puedes comprobarlo tú mismo, la noche de luna llena puedes intentar soltarte o incluso puedes intentarlo ahora, para que te des cuenta que son reales – respondió el oficial palacios con tanta seguridad que hizo que Lucas se lo creyera – Y de ahora en adelante para asegurarnos que no uses tu lado sobrenatural usarás las esposas en todo momento.
Luego volvieron a dejar solos a Bárbara y Lucas, pero, Lucas estuvo callado toda la sesión y durante muchas más.
✭ ✭ ✭
La noche de luna llena, él estaba tranquilo, o eso intentaba, porque sabía lo que iba a suceder y como se sentía cuando eso ocurría. Conforme avanza la noche y a la vez la luna se iba posicionando en su máximo esplendor, él iba perdiendo la compostura. Estaba sentado en el suelo, meciéndose, con las manos en la cabeza y susurraba “necesito carne, carne”. Era una noche fría, pero él estaba sudando, un sudor frío, que conforme recorría su maltratada piel le causaba un sombrío escalofrío, un vacío en su interior que le generaba angustia y ganas de llorar, lo peor era que no podía hacerlo.
Lucas estaba desesperado por soltarse las esposas, las golpeaba contra la pared y a su vez se causaba daño a él mismo, con cada golpe que daba soltaba un pequeño lamento de dolor. Del desespero que tenía con las manos empezó a jalarse el cuello de la camisa a tal punto que la rompió. De repente se calmó y su cara, su mirada, se transformó en una mirada llena de odio. La vena de su frente parecía que fuese a reventar, con ese aspecto tan tétrico parecía que algo lo estuviera poseyendo.
Llamaron a la Dra. Bárbara para que viera lo que estaba pasando, en cuanto llegó, vio esta escena aterradora y la piel se le erizo, cuando Lucas vio a Bárbara se detuvo y empezó a llorar.
- Ayúdeme – Mientras las lágrimas rodaban a través de sus desgastadas mejillas. Con un agudo Chillido después de cada palabra que salía de su boca.
- Tranquilo, tranquilo, relájate, respira lento.
- No quiero matarla Dra. Bárbara.
- Y no tienes que hacerlo.
- ¡Dígales que dejen de decirme esas cosas!
- ¿A quiénes?
- A ellos.
- De quién está hablando – preguntó un policía.
- No sé – Respondió Bárbara con poca certeza - Dejen a Lucas en paz.
La Dra. Bárbara no sabía de quién hablaba Lucas, pero se empezó a hacer ideas, un hombre que escucha voces y le dan este tipo de ataques no era algo muy común, aunque ella no sabía de qué hablaba Lucas debía hacer lo que ya había hecho en ocasiones anteriores… Seguirle el juego.
Cuando Bárbara gritó eso, Lucas dejó de llorar y se calmó como si Bárbara hubiera ahuyentado a todos los males de Lucas, luego, él tomo de la mano a Bárbara y la acercó hacía él, hacía las rejas.
- Gracias.
- Siempre estaré aquí para ayudarte y a Dorángel.
Cuando ella dijo esto a su vez pidió a los policías que los dejaran solos, Lucas la jalo del brazo contra la reja y empezaron a forcejear, luego le logró jalar a Bárbara a través de la reja todo el brazo hasta el hombro y no paro siguió hasta que parecía estar a punto de partirle el brazo, cuando Bárbara sintió toda la fuerza contra su brazo empezó a gritar, ahí fue cuando los policías se alertaron y se dirigieron a la celda.
Cuando Lucas vio a los hombres acercarse a la celda giró a Bárbara de espalda contra la reja y la empezó a estrangular. Los policías llegaron y abrieron la reja, luego trataron de jalar a Lucas, pero al jalarlo ejercieron más fuerza sobre la tráquea de Bárbara. La respiración se le entorpecían y se hacía más lenta a cada segundo, los parpados pesados, pero ella seguía luchando con todas sus fuerzas para mantenerse despierta y por si fuera poco, Lucas en medio de su frenesí mordió a Bárbara en el cuello, arrancándole un pedazo de piel. Ella al ver la sangre bajando por su ropa empezó a gritar y patalear aún más que antes, al cabo de unos minutos, Bárbara dejó de luchar y casi dejándose caer sobre las manos de Lucas, soltó un grito ahogado que duró casi treinta segundos, pero con tan poco aliento que le quedaba solo fue capaz de emitir ese triste y deprimente sonido, que parecía más una exhalación.
Para poder soltar el poderoso agarre de Lucas, tuvieron que ponerle dos descargas de tyser, el primero fue a una pierna que lo hizo caer, pero a la vez arrastro a Bárbara hacía el suelo, el segundo fue al brazo, ahí fue cuando por fin la liberó, pero cuando la libero ella cayo inmóvil, pues ya era muy tarde, o bueno, eso parecía, los policías ya la habían dado por muerta, cuando de repente su tórax se amplío y eso quería decir que aún podía respirar, con mucha dificultad, pero lo hacía. En seguida los oficiales corrieron hacía el hospital.
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Los oficiales se quedaron luchando con Lucas o bueno Dorángel, lo llevaron a la sala de interrogatorio y lo dejaron encadenado a la mesa, Lucas estaba enloquecido, gritaba y pataleaba, tiró la mesa contra la pared, pero a su vez la mesa lo arrastró. Hasta que de pronto en su desespero no hayo otra manera e consumir carne humana que la propia así que primero se mordió el brazo, con mucha inseguridad ya que no sabía si le gustaría, el ardor era insoportable pero su necesidad era mayor así que empezó a morderse los brazos cada vez más rápido como si no hubiera comido en meses. El gritaba de dolor, pero a la vez se regocijaba de satisfacción, cuando los policías vieron esta escena corrieron a detenerlo, cuando llegaron Lucas estaba sentado en un charco de sangre, aguantándose el dolor y a la vez con una cara de satisfacción.
Texto de estudiante del semillero. Nombre reservado.

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